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miércoles, 31 de julio de 2024

A PROPÓSITO DE VENEZUELA, PERO ANTES: CÓMO RECONOCER UNA DICTADURA Decálogo para el viajero. (Escrito en marzo de 2024)

Pepe Mujica, referente de una izquierda ética, dijo días atrás que Maduro era un dictador… silencio de radio en el progresismo vernáculo. Asimismo y en la misma dirección, algunos lectores me reclamaron airadamente que me refiriera a Putin y a Xi Xinping como autócratas, aduciendo que visitar lugares en que no se respetan los derechos humanos no me autoriza a semejante afirmación. Ergo, para evitar confusiones, he elaborado una suerte de guía del viajero, a fin de reconocer una dictadura cuando la visitamos. Cada país tiene sus leyes, y no todo se le permite al viajero republicano, por lo que es bueno saber que si en Irán una mujer no anda con el pañuelo bien puesto en la cabeza, podrían meterla a la cárcel, incluso la Policía podría golpearla hasta matarla, tal como sucedió con Masha Amini. Alguien podría objetar el ejemplo por no ser algo que ocurra todos los días. Por eso creo que conviene afilar la mirada. Veamos… 1. No existe la libertad de prensa. Punto básico de una dictadura: no se permite la libre publicación de noticias, no se aceptan las críticas ni las denuncias; mucho menos si son de corrupción. Si bien en todas las democracias existen medios periodísticos que se postran a la agenda del mejor postor, en las dictaduras directamente se suelen cerrar los periódicos opositores, además de encarcelar y enjuiciar a los periodistas. En los casos más extremos, los disidentes podrían desaparecer, ser envenenados, y hasta descuartizados. Tal el caso de Jamal Khashoggi. 2. No existe una oposición que pueda competir en elecciones libres. Las dictaduras se caracterizan por prohibir a los opositores, cuando alguien levanta cabeza e insiste en conservarla sobre sus hombros, se lo saca del ruedo. El turista avezado podrá observar que no hay grafitis ni anuncios gráficos de opositores. Tampoco existen comités ni sedes de partidos políticos. 3. Se persigue a los disidentes y hay presos políticos. Cuando uno entrevista a un lugareño, y observa luego a la Policía acosarlo, golpearlo con entusiasmo y meterlo preso, es clara señal de que algo no anda bien. Me ha ocurrido varias veces en el malecón de la Habana que personas a las que iba a reportear faltaran a la cita por estar detenidas, apareciendo días después con visibles signos de golpes o tortura. Es bueno estar atento a los hematomas de nuestros anfitriones. 4. Hay controles y presencia ostentosa de Fuerzas de seguridad. Otro rasgo patente es ver a las Fuerzas de seguridad en la vía pública, a cara de perro y portando grandes fusiles, y a los ciudadanos circulando con temor. No en todos los países puede uno manifestarse libremente: en Pekín, por ejemplo, para ir a la plaza principal es menester pasar documento en mano dos escáneres biométricos. Bueno, de hecho, en Pekín uno no puede manifestarse en absoluto. 5. No se puede circular libremente por el país. Si bien esto sucede también en zonas de guerra, como Colombia, México o el Sahara occidental, uno puede confundirse con lugares como Corea del Norte o Siria, cuyas dictaduras se enorgullecen de controlar a la población. 6. Existen minorías oprimidas o con derechos reducidos. Si uno viaja por la India percibe el sistema de castas: no todos gozan de los mismos derechos, por razones culturales ajenas a la existencia o no de una democracia. Pero si se fuera a China en busca de un Uigur, sería difícil encontrarlo fuera de un campo de concentración o de un barco en altamar, que por más de un año no tocará tierra. 7. Los habitantes no pueden salir libremente de su país. Y volviendo a China, si hay tanto supermercado chino por ahí… ¿Por qué no vemos adolescentes chinos en nuestras escuelas? Simple: porque a cierta edad, los chicos tienen que volver a China para ser criados en el régimen comunista, para no ser contaminados por nuestras ideas democráticas. Pero si uno es turista aún puede resolver el acertijo de manera más fácil y directa: preguntándole a un habitante local si puede irse del país sin mayores trámites. La respuesta será un rotundo “no”. Igualmente, hay que tener en cuenta que si uno pregunta en Venezuela, Cuba, Corea del Norte, Irán, Vietnam o Myanmar, podría darse lo descrito en los puntos 3 y 4, en los que el interlocutor termina preso o apaleado. 8. La suma del poder público se concentra en una persona o en un grupo político. Otra característica más o menos asequible para el turista es indagar si quien está a cargo del país es considerado un hombre con gran poder, un semidiós o el representante del todopoderoso en la tierra. Este método no suele fallar si la respuesta es positiva. 9. El Estado y la religión van de la mano. Ni Irán, ni Afganistán ni Arabia Saudita están exentos de esta característica. Cuando el Estado tiene una religión que lo justifica, y las sagradas escrituras rigen el Poder Judicial, las cosas no andan muy democráticas que digamos. Cuando se oye a menudo la palabra Sharia, mejor sospechar, aunque a mí me den un miedo particular los tipos que tienen la frente oscura de tanto cabecear la alfombra orándole a Alá; y ojo, que no sugiero nada malo de los musulmanes pacíficos. No. Desde mi condenable eurocentrismo, mi desconfianza es con los que cargan una AK 47. 10. Los ciudadanos temen hablar con extranjeros. Este punto es una síntesis de los anteriores, ya que las dictaduras ven a los extranjeros con malos ojos, porque podrían contaminar a la población local con excentricismos foráneos, tales como prensa libre, disidencia política, posibilidad de manifestarse sin ser masacrado, incluso con la ambiciosa pretensión de no ser desaparecido ni asesinado por pensar diferente. Claro que hay señales más sutiles, pero creo que si uno está de viaje y observa más de la mitad de los puntos precedentes, puede tener plena certeza de que está visitando una dictadura. Así que… atentos cuando hacemos las valijas.